Abre tu canal de poder
por Winifred Wilkinson Hausmann
“¡Poder! La palabra en sí tiene un sonido mágico. A lo largo de los años, la idea de poder ha sido el mayor propósito en la existencia de muchas personas —una búsqueda incesante por tener poder sobre otras personas, poder en los ramos políticos o religiosos, poder para hacer milagros, para impresionar y mistificar a los demás. ¡Poder, poder, poder! Como el sonido de una sirena, la idea de poder ha atraído a la gente. Y siempre, al final, esas personas que han buscado el poder para su propio beneficio, se han encontrado desilusionadas y frustradas”.
“Verdaderamente, el poder es un don divino, el cual ha sido dado para ser usado bajo la dirección divina solamente. El uso incorrecto de este poder dado por Dios traerá como resultado desaliento o hasta desastres. Mas el poder, usado correctamente bajo la guía del Cristo, el Ser Divino en toda persona, puede lograr bien sin medida —mayor bien que el que podemos imaginar en la actualidad”.
“El poder, hemos de entender, no es en sí un fin, no debe ser una meta. Por el contrario, es sencillamente un don que nos ayuda a lograr como resultado la manifestación de las ideas de Dios aquí en la Tierra. No debe ser usado egoístamente para nuestra satisfacción personal, sino que debe utilizarse para el desarrollo espiritual de todo nuestro ser. Nunca debe ser ejercitado para controlar a otros, sino que debe usarse para ejercer dominio sobre nuestros pensamientos y sentimientos de manera que podamos lograr una realización mayor de la Conciencia-Divina. Es un don de Dios, y como tal debe ser respetado y utilizado para establecer más de Su bien y Su reino aquí en la Tierra”.
“El poder es uno de los 12 atributos del ser humano, el cual debe ser despertado por nuestro Ser mayor y desarrollado como parte de nuestra naturaleza divina. Es un don importante que tiene que usarse en conjunto con los otras 11 cualidades del ser”.
“El poder es esa energía vital que tiene su centro en la garganta, en la raíz de la lengua. El poder espiritual fluye en nuestro cuerpo desde el centro Crístico en la coronilla de la cabeza y es liberado como una energía radiante gracias a su centro en la garganta. Liberamos esto poder cuando hablamos palabras positivas y enérgicas de la Verdad.
“La primera manifestación de poder espiritual aviva nuestro deseo de compartir con otros la Verdad que hemos descubierto. Mas sólo podemos servir como canales de poder, No podemos guardarlo para luego compartirlo. Hemos de mantener abiertas tanto la entrada como la salida de poder, si deseamos que dicho poder esté disponible para nuestro uso”.
“Al mantener la entrada abierta —gracias a la oración y al permanecer receptivos a Dios— somos llenados de dicho poder para ser los canales que manifiestan su bien en el mundo”.
Los Doce Poderes del Hombre, por Charles Fillmore
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Meditación de los Doce Poderes acerca del Poder
por Charles Roth
Centra tu atención en la raíz de tu lengua o el área de la garganta y di callada o audiblemente:
El Cristo en mí llama a Felipe, mi discípulo y facultad de poder. Las palabras que hablo son Espíritu y son vida, y salen a cumplir con aquello a los que las mando.
Ahora, permite que ese centro de atención se mueva hacia arriba, hacia el centro de la fe en la glándula pineal en la cabeza y di:
Mi fe en Dios ha sido despertada y me brinda palabra de poder capaces de mover montañas.
Luego, baja tu atención a tu espalda, el centro de la fortaleza y afirma:
Mi fortaleza en nutrida gracias al poder del Espíritu. No flaqueo ni me desaliento.
Después concentra tu atención el en plexo solar y afirma:
La sabiduría infinita llena mis palabras con la habilidad intuitiva de llegar a corazón del asunto.
Dirige ahora la atención al centro del amor, detrás del corazón y di:
El poder del amor echa fuera todo temor y rompe toda barrera.
Cierra tu momento de meditación con la oración de protección. A medida que lo haces imagina que una luz blanca fluye por todo tu cuerpo, desde la coronilla de la cabeza hasta tus pies.
La luz de Dios nos rodea;
el amor de Dios nos envuelve;
el poder de Dios nos protege;
la presencia de Dios vela por nosotros.
Dondequiera que estamos, está Dios.
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