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Discernimiento o juicio—La habilidad de evaluar, discernir, aplicar lo que sabes (sabiduría).
El discípulo Santiago, hijo de Zebedeo, , representa el poder de selección y buen juicio al tratar con cosas sustanciales.
El color correspondiente es el amarillo y el lugar es la boca del estómago.
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Meditación guiada acerca del discernimiento o juicio.
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Deja que tu luz brille
por Winifred Wilkinson Hausmann
Una de las facultades más preciadas por Jesús es el don de la sabiduría o juicio espiritual.
Él siempre recalcó la importancia de juzgar según los estándares del Ser mayor, en vez de por el ejemplo dado en el mundo externo. Él nunca reaccionó a las personas o situaciones con la esperada reacción humana, sino que siempre actuó y habló partiendo de la luz que moraba en Él, la luz que lo capacitó a juzgar según métodos espirituales, a responder y reaccionar en acorde con el discernimiento divino cuando tenía que lidiar con otros, revelando así su Cristo interno.
Su juicio y sabiduría llegaron más allá que la percepción, conocimiento y juicio de inclusive las personas más sabias de su época, porque la facultad del conocimiento había sido desarrollada gracias a una relación consciente con la Fuente y por un deseo de expresar la sabiduría divina. Él nunca llegó a conclusiones basándose meramente en el conocimiento intelectual.
Siguiendo el ejemplo de Jesús al desarrollar nuestro potencial dado por Dios, nosotros, también, hemos de confiar en el conocimiento espiritual. No podemos permitir que nuestro juicio esté basado en apariencias, tomando decisiones basadas meramente en la sabiduría del intelecto o aceptando conceptos limitativos presentados constantemente por el punto de vista mundano.
El centro relacionado con la facultad del juicio o sabiduría se encuentra en la boca del estómago y está ligado al plexo solar, el área detrás del corazón y del estómago que a veces se le dice “el cerebro del cuerpo”. Los pensamientos de crítica y faltos de amor afectan particularmente en el centro de la sabiduría, la boca del estómago, y pueden causar enfermedades como úlceras, indigestión u otros padecimientos estomacales y del corazón.
Por otro lado, cuando aprendemos a ejercitar la facultad del juicio gracias la iluminación divina interna, automáticamente expresamos cierto grado de salud física. Esto es especialmente cierto en la digestión y otras funciones conectadas al área estomacal.
Aunque es importante recordar que hemos de desarrollar todos los doce poderes, algunos de dichos poderes están más íntimamente ligados al Cristo. Uno de ellos es la facultad de la sabiduría o juicio representada por Santiago, el hijo de Zebedeo.
Los tres discípulos que acompañaron a Jesús en ocasiones significativas fueron: Pedro, quien representa la fe, y los hermanos Santiago y Juan, quienes representan el amor y la sabiduría. La fe, la sabiduría y el amor deben ser parte de todo lo que hagas. La sabiduría sin amor es fría. De igual manera el amor sin sabiduría es impetuoso y desatinado.
La sabiduría es el conocimiento espiritual más elevado e incluye el juicio divino, la habilidad de diferenciar, la intuición y toda aquella actividad mental que surge del saber puro. La sabiduría no depende de la razón, de la comprensión intelectual o de deducir. Sencillamente, brilla como una luz interna que ilumina el camino revelando todo aquello que tiene que ser revelado en un período de tiempo en particular.
Nuestra meta, al tratar de desarrollar esta facultad, es permitir que la luz divina brille a través de nosotros, dirigiendo nuestros pensamientos, palabras, acciones y motivaciones. La sabiduría también ha de ser empleada al dirigir las funciones y el desarrollo de las otras once cualidades.
Los Doce Poderes del Hombre, por Charles Fillmore
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Discernimiento
por Charles Roth
Comienza por poner tu atención en la coronilla de tu cabeza, donde yace el centro del Cristo en ti; luego baja a tu frente, donde yace el nivel consciente de la mente. Ahora, calmadamente baja un poco más hasta llegar al plexo solar, el centro del nivel subconsciente de la mente.
Centrándote en la coronilla de tu cabeza, afirma:
El Cristo de Dios es vivificado en mí ahora.
Centrándote en tu frente, tu nivel conciente afirma:
YO SOY una expresión del Cristo de Dios, el cual se despierta en mí ahora.
Centrándote en la región del plexo solar afirma:
YO SOY agradecido(a), porque el Cristo de Dios ha despertado en mí.
Ahora, invoca a Pedro, el discípulo que representa la fe llevando tu atención del plexo solar al centro de tu cabeza, donde yace el centro de la fe y a afirma:
El Cristo en mí invoca a Pedro, mi discípulo y facultad de la fe.
Tengo una fe en Dios que mueve montañas.
Permite ahora que tu atención se vaya a la parte superior de tu espalda, los lomos, el centro de la fortaleza simbolizado por el apóstol Andrés y afirma:
El Cristo en mí invoca a Andrés, mi discípulo y facultad de la fortaleza.
YO SOY fuerte en Dios.
Seguido, desde el centro de la fortaleza, dirige tu atención al plexo solar nuevamente. (Éste se encuentra en el centro de tu cuerpo inmediatamente debajo de tus costillas).
Recuerda que solar proviene de la palabra sol y plexo significa centro. Entonces podemos llamarlo: centro solar, centro de luz y sabiduría. Afirma:
El Cristo en mí invoca a Santiago,
el hijo de Zebedeo,
mi discípulo y facultad de la
sabiduría, el discernimiento y el buen juicio.
Luego de pasar un momento en silencio termina tu meditación diciendo:
YO SOY agradecido(a). ¡Gracias, Dios!
El color que representa a la sabiduría y el discernimiento es el amarillo, el color que es relacionado universalmente con el sol .
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