Sé fuerte
por Winifred Wilkinson Hausmann
La fortaleza no es solamente una cualidad física. Tal como es con todos los 12 Poderes, la fortaleza se expresa en tres niveles, cada uno complementando a los otros en esta expresión de la vida en el plano terrestre.
En el reino físico, la fortaleza se manifiesta como vitalidad, resistencia, la habilidad para persistir. En el área mental, la fortaleza es la cualidad de la mente que te lleva a ser un líder, a lograr, a cumplir con las decisiones que tomas, a establecer tu propósito en la vida y mantenerte arraigado a los principios espirituales en tu diario vivir. Se expresa como un carácter estable.
La expresión más grande, y la que debe determinar la dirección de la fortaleza en los otros dos reinos es la realización espiritual de este don. En el plano espiritual, la fortaleza está íntimamente ligada a la fe. En la simbología de los doce apóstoles con las doce cualidades que hemos de desarrollar tal como nos alentó Jesús, y como fueron desarrolladas por sus seguidores más cercanos, la fortaleza y la fe están representadas por los hermanos Andrés y Pedro.
Pedro deber ser la primera de las cualidades que ha de ser desarrollada de modo espiritual, ya que sin fe no tenemos el ímpetu necesario para tomar acción ni la base para edificar un programa de crecimiento espiritual. La fe es, también, nuestra habilidad innata de ver lo que todavía no se ha manifestado, junto con el deseo de persistir para hacerlo surgir. Mas la fe deber estar establecida en la fortaleza. Los “dos hermanos” deben crecer juntos, ambos bajo la dirección amorosa de nuestra naturaleza crística, el ideal del “humano perfecto” en nosotros.
La fe debe ser fortalecida continuamente, y la fortaleza debe ser inspirada a la acción correcta por medio de la fe espiritual. De una manera espiritual, la fortaleza te capacita a persistir en la oración, a establecer una fe cada vez más fuerte en nuestra naturaleza espiritual y en la actividad de Dios a través de nosotros para hacer las cosas que debemos hacer y llegar a ser la persona “de la cuarta dimensión” que nuestros Doce Poderes, desarrollados espiritualmente, nos capacitan a ser.
La persona que depende solamente en su fortaleza física, es retada constantemente por otros en el aspecto humano y, tarde o temprano, será vencida por quien es más fuerte. La fortaleza mental sola, al enfrentarse a la fortaleza mental de otra persona, puede resultar en un duelo de voluntades, en una competencia humana, con los mismos resultados de la fortaleza física. Sólo la fortaleza espiritual se mantiene sin resistir y triunfa, sin importar cuál sea el reto.
Para lograr los mejores resultados, tanto la fortaleza física como la mental deben estar enraizadas en el desarrollo espiritual de la facultad de la fortaleza.
La fortaleza es una cualidad que puede y debe ser desarrollada si deseamos manifestar nuestro potencial dado por Dios. Debemos hacerla surgir junto con los otros 11 Poderes, ésta es esencial para nuestro crecimiento.
A medida que desarrollas esta facultad, representada por Andrés, declara calladamente para ti: Gracias a la voluntad y al trabajo de Dios en mí, expreso y desarrollo mi potencial divino de la fortaleza fácilmente y en orden divino. Recuerda que la fortaleza tiene que ser desarrollada con facilidad, sin sentir tensión y agotamiento, debe desarrollarse calmada y confiadamente.
Así como sucede con todos los poderes, la fortaleza primeramente es despertada en la naturaleza intelectual y luego es desarrollada (por medio de la oración concentrada) para una realización de nuestra unidad con la Fuente de toda fortaleza.
Este artículo pertenece al libro: Your God-Given Potential: Unfolding the Twelve Spiritual Powers.
|
Ejercicio de meditación de los Doce Poderes: Fortaleza
Siéntate tranquilamente por un momento, hasta que te sientas sosegado. Luego centra tu atención en la coronilla en la cabeza (que representa el centro crístico) y contempla pensamientos semejantes a este:
¡El Cristo de Dios despierta en mí!
Luego, mueve tu atención a tu frente, que representa tu nivel consciente de la mente. Para darte cuenta de que el Cristo de Dios está siendo avivado en ti di o piensa:
Estoy consciente de que el Cristo de Dios es avivado en mí.
Ahora mueve tu atención al plexo solar, que representa el nivel subconsciente de la mente, y para que puedas aceptar conscientemente que el Cristo de Dios está siendo avivado en ti en las profundidades de tu ser, afirma:
Siento agradecimiento ya que el Cristo de Dios está siendo avivado en mí.
Entonces, permite que tu atención se centre en medio de tu cabeza, el centro de la fe, y afirma:
El Cristo en mí invoca a Pedro, el discípulo que representa mi facultad de la fe.
Después, centra tu atención en todo tu cuerpo hasta llegar a la parte baja de tu espalda, entre las costillas y la pelvis y di las siguientes palabras de Verdad:
El Cristo en mí invoca a Andrés, el discípulo que representa mi facultad de la fortaleza.
Yo, a veces añado:
YO SOY fuerte “en el Señor y en el poder de su fuerza” (Efesios 6:10).
Luego, finalizo mi meditación diciendo y sintiendo:
YO SOY agradecido.
Explora el Poder de este mes
Fortaleza
Libro Los doce poderes del hombre.
|