¡Que haya amor!
por Winifred Wilkinson Hausmann
De los doce poderes, el amor es el más reconocido universalmente y el más malinterpretado. Éste es parte intrínseca de la vida, de la existencia misma. Sin amor el ser humano perecería.
Cuando Jesús oro por Sus discípulos, como se lee en el capítulo 17 del Evangelio de Juan (el discípulo del amor) Él estaba afianzando y dando énfasis al amor, la unidad espiritual que prevalece en todo el universo.
El amor es, y continúa siendo, del mismo modo cómo el sol continúa brillando ya sea que podamos verlo o no, ya creamos en él o no.
En el cuerpo, el amor tiene su centro detrás del corazón. Así como el corazón circula la sangre dadora de vida por todo el cuerpo, del mismo modo la percepción correcta del amor hace circular sustento vivificante en nuestra naturaleza pensante y emotiva, lo cual se refleja en nuestro cuerpos y asuntos. El desarrollar la conciencia divina de unidad enriquece cada aspecto y fase de la vida de la persona. La facultad del amor, centrada en el corazón, y de la sabiduría en la boca del estómago, se unen en el plexo solar —detrás del corazón y el estómago.
Al considerar el desarrollo del amor, hemos de estar seguros de que éste esté unido a la sabiduría. La sabiduría y el amor no son solamente dos de los doce poderes, sino que éstos conforman dos aspectos de Dios que al ser combinados dar origen a la actividad creativa.
El amor, sin la sabiduría, tiende a ser ciego y errado, llevándonos a acciones impropias. Por otro lado, la sabiduría sin amor puede llegar a ser fría e implacable, sin compasión. Al unirse ambos en la mente divina y trabajando desde el saber puro y unidad total, estos poderes producen ideas perfectas en la mente y en el mundo manifiesto.
El amor mira más allá de las apariencias y ve la Verdad del ser. Es el amor lo que nos hace capaces de vivir en armonía con todo nuestro universo. Es el amor lo que sana, prospera, atrae, mantiene y realiza cualquier idea buena. Y, el amor divino, el poder protector más grande en el mundo.
No es necesario que nos guste todo lo que pasa a nuestro alrededor. No tenemos que estar de acuerdo con los aparentes errores de las personas. Mas, a pesar de las apariencias, debemos amar y ver el Cristo en toda las personas y todo lo creado. Tenemos que hacerlo ya que nuestra naturaleza es amor y porque “Él nos amó primero” (1 Juan 4:19)
Los Doce Poderes del Hombre, por Charles Fillmore
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Meditación de los Doce Poderes acerca del amor
por Charles Roth
Trae tu atención a tu cabeza, específicamente al área dónde se encuentra la glándula pineal, el centro en el cuerpo donde yace la facultad de la fe, Pedro, y afirma:
El Cristo en mí aviva el discípulo y la facultad de la fe. Tengo fe en Dios, de manera que cuando sin dudar le digo a la montaña de un reto: "¡Quítate y arrójate al mar!", será hecho” (Mateo 21:21).
Ahora, permite que tu atención viaje a tu espalda, justo debajo de las costillas y arriba de tu pelvis, y afirma:
El Cristo en mí aviva el discípulo y la facultad de la Fortaleza. ¡Soy fuerte en Dios y en el poder de Su gloria!
Luego, centra tu enfoque en el plexo solar y afirma:
El Cristo en mí aviva el discípulo y la facultad de la sabiduría. Estoy en armonía con la sabiduría infinita y con la Mente universal.
Y, ahora, lleva tu atención en el área detrás de tu corazón, el centro del amor y afirma:
El Cristo en mí aviva el discípulo y la facultad del amor en mí. Soy un centro radiante de amor puro y auténtico; poderoso para atraer mi bien y para irradiar bien a los demás. (Como ves, el Amor, tiene capacidades magnéticas. Es un poder cohesivo y que atrae).
Ahora recuerda que el amor y la sabiduría han de trabajar juntos como un todo poderoso, como Juan y Santiago “hijos del trueno”. Reconoce, agradecidamente, que ambos dones han despertado en ti.
Cerremos esta meditación con la “Oración de protección” de James Dillet Freeman:
La luz de Dios nos rodea;
el amor de Dios nos envuelve;
el poder de Dios nos protege;
la presencia de Dios vela por nosotros.
Dondequiera que estamos, está Dios.
El color que representa a la sabiduría y el discernimiento es el amarillo, el color que es relacionado universalmente con el sol .
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