La Palabra Diaria

  Enero/Febrero del 2010
 
 
Lunes
8 de febrero del 2010

Gracia

Acepto con gratitud cada bendición de la gracia de Dios.

Al saber que la gracia de Dios me apoya todo el tiempo, estoy alerta a las oportunidades que enriquecen mi vida. No sólo reconozco el bien, sino que lo atraigo. Al aceptar todo lo que me bendice y al bendecir a los demás, no fijo límites a mis capacidades. Tengo el valor de hacer lo que puede haber parecido imposible en el pasado.

Al actuar y hablar partiendo de la inspiración del Espíritu, hago lo mejor que puedo. Acepto la gracia de Dios y ofrezco confianza en mi trato con otros. Demuestro consideración y compasión y reconozco con agradecimiento estas mismas cualidades en los demás. Gracias a la oración, estoy inmerso en la comprensión divina.

Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, … abundéis para toda buena obra.—2 Corintios 9:8

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Martes
9 de febrero del 2010

Curación

Dios en mí es mi salud y mi fortaleza.

Cuando enfrento un reto de salud, quizás busque las respuestas fuera de mí. Mas, al buscar ayuda e información de los demás, puede que sienta confusión o inseguridad. En vez de preocuparme, actúo con fe. Hay una ayuda disponible en mí gracias a la Fuente de toda vida.

Oro por guía y siento la seguridad del Espíritu. Digo afirmaciones de salud y bienestar, y mi cuerpo responde a ellas. Con una mente clara, considero el siguiente paso a seguir. Quizás acepte la ayuda de la comunidad médica. O puede que siga un camino diferente. Cualquiera que sea mi elección, permanezco alineado con un plan divino de salud y renovación. Sé y afirmo que el Espíritu en mí es mi salud y mi fortaleza.

Respondiendo Jesús, les dijo: “Tened fe en Dios.”—Marcos 11:22

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Miércoles
10 de febrero del 2010

Esperar

En la conciencia de la presencia de Dios, espero.

En el silencio de la oración, espero. Al descansar mi cuerpo, permitiendo que mi respiración se estabilice, afirmo la presencia de Dios. Doy gracias por las bendiciones recibidas. Afirmo salud y prosperidad para mí y los demás, y dejo ir la ansiedad.

Puedo apreciar la presencia de Dios en mis interacciones diarias. La percibo en la sabiduría de una persona en quien confío, en la sonrisa de un amigo, en la voz de un niño. Percibo cómo la presencia de Dios se refleja en mí y en todo a mi alrededor.

Al contemplar el detalle más pequeño o los sucesos más grandes, sé que la presencia de Dios está allí por igual. Encuentro gozo verdadero en esperar, atento a la presencia de Dios. Descanso y espero.

Jehová es Dios justo. ¡Bienaventurados todos los que confían en él!—Isaías 30:18

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Jueves
11 de febrero del 2010

Paz mundial

Soy amor en expresión. Contribuyo a un mundo de paz.

Cuando hubo duda entre los discípulos de Jesús, Él se paró en medio de ellos y dijo: “Paz a vosotros”. Si no estoy seguro acerca de algo, mi mente puede estar inquieta, saltando de un pensamiento a otro.

En esos momentos, respiro profundamente y repito las palabras de Jesús: “Paz a vosotros”. El Cristo de mi ser aquieta mis pensamientos. Recuerdo que la paz de Jesús siempre está disponible para mí.

A medida que mi corazón y mis pensamientos se alinean con el amor divino, mis dudas se desvanecen. Ahora, en calma, veo que surgen las soluciones divinas; actúo de manera afable y considerada. Cada persona con quien me encuentro, cada conversación que tengo, es bendecida por este amor.

Llegó Jesús, ... se puso en medio y les dijo: “¡Paz a vosotros!”—Juan 20:26

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Viernes
12 de febrero del 2010

Guía

Uno con Dios, soy sabio y comprensivo.

Antes de actuar, primero decido estar quieto y ser uno con Dios. Al hacer una pausa, tengo receptividad a la guía divina y recibo nueva comprensión acerca de las circunstancias de mi vida. Hablo y actúo con sabiduría y compasión. Soy guiado a decisiones sabias que honran mi cuerpo templo y activan la energía sanadora del amor de Dios.

Veo claramente el camino correcto ante mí y prosigo con confianza. Mi corazón está lleno de comprensión y perdón y mis relaciones personales me proporcionan gozo, consuelo y apoyo. Si alguna vez dudo de mí, recuerdo que la guía divina está siempre disponible en mí. Cuando soy uno con Dios, soy sabio y comprensivo.

Mi boca hablará sabiduría, y el pensamiento de mi corazón inteligencia.—Salmo 49:3

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Sábado
13 de febrero del 2010

Perdonar

Camino por un nuevo sendero de amor y perdón.

Puedo comenzar de nuevo en cualquier momento. Puedo elegir un sendero nuevo, perdonarme y perdonar a los demás por errores pasados. El perdón es también la clave para la libertad. Dejo ir cualquier pensamiento hostil y afirmo perdón. Toda decisión que haya tomado en el pasado me ha ayudado a forjar mi carácter.

Mi sendero, no importa cuán torcido, ha sido el correcto para mí. Tengo confianza en que un bien todavía mayor se manifiesta ahora. Dejo atrás viejos hábitos y adopto acciones y pensamientos nuevos que me llevan a la salud y la libertad. El gozo puro y edificante de la oración me llena de energía. Elijo el amor, elijo el perdón, elijo la libertad.

Examina la senda que siguen tus pies y sean rectos todos tus caminos.—Proverbios 4:26
 

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Domingo
14 de febrero del 2010

Amor

Cristo en mí es amor y este amor se expresa por medio de mí.

Amor es una palabra maravillosa. Puedo ver el amor expresado en un ramo de flores o en una tarjeta especial. Expreso el afecto que tengo por los demás y éste se devuelve hacia mí. Cristo en mí es amor. Eso significa que yo también lo soy. El amor divino se expresa por medio de mí en las palabras que digo, las acciones que tomo y los sentimientos que tengo.

Aprendo a amarme más y a compartir más amor cada día. Me comprometo a expresar más plenamente este sentimiento a mis hijos y mi cónyuge, mis padres y amigos—y a mí mismo. Al crecer en amor, lo doy más libremente a los demás y el ciclo positivo y enriquecedor del amor continúa.

Y esto pido en oración: que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento y en toda comprensión, para que aprobéis lo mejor.—Filipenses 1:9-10

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