Libertad espiritual

por Daniel B. Rebant
 
“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”—Gálatas 5:1

La libertad a la cual Pablo se refería en esta carta a los gálatas era la libertad espiritual —la liberación de lo profundo del alma de quienes viven por el Espíritu, no por el ego humano ni por los valores mundanos. Él instaba a los gálatas a emanciparse espiritualmente— a despertar de manera completa y permanente a su potencial pleno.

Nosotros también somos llamados a la libertad espiritual. Esto requiere que dejemos ir cualquier cosa y todo lo que nos limite o restrinja de convertirnos en nuestro ser más elevado y llevar a cabo nuestro destino divino. A medida que dejamos ir el “yugo de la esclavitud”, debemos asumir la mente del Cristo como fue revelada por Jesús y otros maestros.

La Verdad te hará libre


Cuando tenemos la mente de Cristo, sabemos la Verdad y ésta nos hace libres —libres de la esclavitud del miedo, la ignorancia y las actitudes e ideas de derrota.

Según Charles Fillmore, cofundador de Unity, “Nunca podemos saber el significado completo de la libertad hasta que moremos en la conciencia crística”. En otras palabras, para ser realmente libres, debemos pensar, sentir y vivir según Cristo —o sea, como hijos e hijas de Dios.

¿Qué  nos impide sentir este tipo de libertad? Emmet Fox revela la razón en la historia memorable de su folleto El equivalente mental, publicado por primera vez por Unity en 1943, la cual ofrecemos a continuación.

Ubicada en la Edad Media, la historia trata de un hombre mantenido como prisionero en un calabozo oscuro por 20 años. Durante todo ese tiempo, el hombre no vio a nadie sino a un carcelero que venía a su celda una vez al día con pan y agua.

Finalmente, el prisionero se perturbó tanto que decidió atacar al carcelero, con la esperanza de que éste lo matara en defensa personal y así terminara su miseria. Cuando se preparaba para el ataque, el hombre examinó la puerta de su celda y encontró que no estaba trancada. Asombrado, descubrió que ¡nunca había estado trancada! El hombre abrió la puerta y escapó rápidamente, pasando frente a algunos guardias quienes lo ignoraron completamente. Encontró su camino a casa y vivió feliz para siempre.

Como Emmet Fox explica, “Él pudo haber hecho esto en cualquier momento durante esos largos años si hubiera sabido lo suficiente, pero no lo sabía. Él estaba cautivo, no del calabozo, sino de una creencia falsa. Él no estaba encerrado; sólo pensaba que lo estaba. Por supuesto, esto es sólo una leyenda, pero es extremadamente instructiva”.

Fox continúa: “Todos vivimos en algún tipo de prisión, unos en un tipo y otros en otro; algunos en una prisión de escasez; algunos en una prisión de remordimiento y resentimiento; algunos en una prisión de miedos ciegos y poco inteligentes; algunos en una prisión de enfermedad. Pero siempre, la prisión está en nuestros pensamientos y no en la naturaleza de las cosas. La enseñanza de Jesucristo nos dice: ‘No estás encerrado en una prisión de circunstancias. No estás encadenado en un calabozo. En el nombre de Dios, da vuelta a la manilla, sal y sé libre.'”

Tu poder de elección

De nosotros depende reconocer que siempre tenemos el poder de elegir y cambiar. Aún si hemos tomado malas decisiones y nos sentimos dominados por malos hábitos y malas influencias la mayoría de nuestras vidas, podemos cambiar el curso ahora mismo. Podemos, con la ayuda siempre presente de Dios, eliminar las cadenas impuestas por nosotros mismos —una por una.

Las cuatro maneras siguientes pueden ayudarte a eliminar cualquier obstáculo para tu libertad espiritual.

  1. Ora y medita diariamente. Unos minutos de oración y meditación cada día puede mejorar profundamente tu vida —tu aspecto, tu salud y tu éxito. Charles Fillmore dijo: “Sin oración y meditación espiritual, no puede haber concepto de libertad espiritual y por ende, demostración de ella. Ésta se logra solamente por medio del desarrollo espiritual obtenido gracias a largas horas de comunión con Dios en el silencio”.
  2. Libera todo lo que sabes que te retiene. Pide a Dios guía para hacer esto y para que te revele cualquier cosa que no sepas que te limita. Tierna pero firmemente, niega creencias falsas y afirma la verdad como te es revelada. Al hacer esto, edificas un “equivalente mental” para reemplazar cualquier cosa que trates de dejar ir. En otras palabras, si liberas un sentimiento de temor, lo reemplazas al afirmar tu fe. Si liberas una creencia de enfermedad, reemplázala al afirmar salud. Si es una creencia en escasez, que deseas eliminar, afirma prosperidad. A la larga, a medida que persistes en esta práctica de negar y afirmar, la Verdad prevalecerá en tu vida.
  3. Crea el medio ambiente más colaborador posible. Cultiva relaciones personales positivas. Ve lo mejor en los demás y ellos harán lo mismo contigo. Reemplaza el desorden en tu vida con el orden, la eficiencia y la belleza. Crea una habitación tranquila donde puedas ir a orar y meditar, a leer o escribir cada vez que lo desees. Dedícala solamente a propósitos espirituales y decórala con cosas que tengan un significado espiritual profundo para ti, tales como fotos de de la naturaleza o de grandes maestros espirituales. También puedes incluir un estante con material espiritual, como la Biblia y otros libros sagrados y un escritorio para llevar un diario o anotar la inspiración que recibes en el silencio. Otras cosas pueden ser: una vela, incienso, un equipo para escuchar música o charlas y por supuesto, una o dos sillas cómodas.
  4. Haz lo que te gusta y que te guste lo que hagas. Si eres inspirado por algún gran propósito o trabajo para tu vida, dedícate e él y renovarás tu energía, expandirás tu mente y te sentirás más libre que nunca. Confía en Dios para que te revele tu camino único de servicio y la mejor manera de seguirlo.

El regalo de la libertad

En la Verdad, el regalo de la libertad espiritual siempre ha sido nuestro. Nacimos con él. Ahora, al asumir la mente de Cristo —el modelo divino para nuestra perfección— podemos reclamar nuestra libertad verdadera y nacer de nuevo.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.”—2 Corintios 5:17

Afirmación: Soy libre con la libertad del Espíritu. Vivo libre y plenamente a medida que utilizo las cualidades divinas de sabiduría, fortaleza y poder que moran en mí.



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