“No soy yo, sino el Cristo en mí
quien hace la obra.”
quien hace la obra.”
Una noche hace mucho tiempo, los pastores fueron invitados a que dejaran de cuidar su rebaño para visitar al Cristo Niño recién nacido. Desde ese momento sagrado, hemos estado despiertos espiritualmente a la presencia crística en nosotros —la presencia de paz, luz y vida que bendice a todo ser viviente.
Al honrar la presencia crística en esta temporada sagrada, contamos nuestras bendiciones y damos gracias por los regalos de Dios en nosotros y a nuestro alrededor.
Nuestras almas son la cuna del amor crístico.
Nuestros corazones están serenos.
Nuestros corazones están serenos.
Ahora nos dirigimos al Cristo morador. Estamos receptivos a la paz que fluye de lo profundo de nuestras almas y alivia cada parte de nuestro ser. Con la serenidad de un bebé durmiendo, nuestros corazones descansan en la conciencia del amor infinito.
Nada puede perturbar el refugio de amor en el cual descansamos, porque somos uno con la presencia de paz y estamos acunados en la quietud.
Nuestros pensamientos y nuestras emociones están en calma y serenos. Nuestras almas están envueltas en la paz. Sentimos satisfacción, confianza y la seguridad de que todo está en orden.
Nuestros corazones están serenos al orar...
La luz crística resplandece
por medio de cada una de nuestras palabras y acciones.
por medio de cada una de nuestras palabras y acciones.
Nos dirigimos a la luz crística de la comprensión por dirección en cada área de nuestras vidas. Como una estrella refulgente, el resplandor callado de esta luz nos bendice y nos guía por caminos correctos.
Abrimos nuestros corazones a la luz crística interna y centramos nuestra atención en una conciencia de sabiduría divina. La comprensión y la intuición iluminan nuestro camino y guían nuestros pasos.
Al descansar en la seguridad de la bondad y la gracia reveladas por la luz crística, irradiamos paz al avanzar con confianza.
Guiados por la luz crística de la comprensión, oramos…
Por medio del poder sanador de la presencia crística,
somos fuertes y saludables.
somos fuertes y saludables.
Con la atención centrada en la presencia crística, permitimos que nuestras mentes y nuestros cuerpos descansen en este momento. Respiramos profundamente y lentamente dejamos ir cualquier sentimiento de tensión. Cada respiración aclara el camino para la energía sanadora, el poder renovador y la vida restauradora del Cristo morador.
Estos momentos callados de meditación permiten la regeneración de cada célula de nuestro ser. Un sentimiento de consuelo, paz y salud llena nuestro ser.
El poder sanador de la presencia crística nos renueva profundamente. Disfrutamos de salud y fortaleza. En esta conciencia, oramos...
Nuestras vidas son bendecidas al dar y
recibir de la abundancia de Dios.
recibir de la abundancia de Dios.
Con la conciencia de la poderosa presencia crística interna, tomamos tiempo ahora para reflexionar acerca de los regalos que llenan nuestras vidas. Aceptamos gustosamente la abundancia del Espíritu, sabiendo que las posibilidades ilimitadas de bien bendicen nuestras vidas.
Conscientes de la paz, el amor y la gracia que nos llenan y no sostienen, damos gracias. Sentimos satisfacción al dar y recibir de la abundancia del Espíritu.
Sabiendo que somos bendecidos infinitamente, oramos...
En esta temporada de amor, compartimos nuestros
regalos de paz con el mundo.
regalos de paz con el mundo.
Al centrar nuestra atención en la conciencia del amor divino, dirigimos nuestros pensamientos a la familia, los amigos y la comunidad. Envolvemos a cada persona en pensamientos de armonía y paz. El regalo de paz resuena en nosotros como la seguridad de amor incondicional. Compartimos este regalo valioso por medio de actos de bondad y consideración. Nuestras oraciones y nuestras acciones dan valor a otros, y como el regalo de la paz es compartido de unos a otros, el mundo se convierte en un lugar de armonía y paz.
Refugiados en la presencia de paz, oramos...
Los regalos de la temporada viven en nuestros corazones durante todo el año. Al prepararnos tiernamente para regresar nuestros pensamientos de este rato de oración y meditación al momento presente, permanezcamos conscientes de la presencia crística que vive en nosotros como paz, sabiduría, salud y abundancia.
Sabiendo que esta Presencia continuará bendiciéndonos por toda la eternidad, concluyamos nuestro tiempo de oración juntos uniendo nuestros corazones al orar la “Oración de protección”:
La luz de Dios nos rodea;
el amor de Dios nos envuelve;
el poder de Dios nos protege;
la presencia de Dios vela por nosotros.
¡Dondequiera que estamos, está Dios!
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