La corriente sanadora—Parte III

por Eric Butterworth

 
 

La corriente sanadora como fluir básico de la vida fue demostrada dramáticamente en un experimento biológico que buscaba probar “el campo de la teoría de la vida”. Se seleccionó el moho arbóreo por ser la forma menos compleja de estructura viviente. Una porción de él fue colocada bajo un microscopio poderoso donde el científico podía observar un cordoncillo de pequeños riachuelos con forma de capilares flotando con un tipo de fluido subcelular. Se descubrió que el fluir continuaba por exactamente cincuenta y ocho segundos y que todos los canales fluían en la misma dirección. Entonces, el fluir se detenía abruptamente y comenzaba a fluir en la dirección contraria por cincuenta y ocho segundos. No existe una explicación conocida para este fenómeno, pero la secuencia continúa: cincuenta y ocho segundos en un sentido y cincuenta y ocho segundos en el sentido contrario. Una y otra vez. Quizás éste es el ritmo del universo.

Un metrónomo fue desarrollado y sincronizado cuidadosamente con la fluctuación. Entonces, con el metrónomo manteniendo el ritmo original, el moho fue anestesiado, deteniendo completamente el fluir. Hubo inactividad total de la sustancia, mientras el metrónomo continuaba su latir. Gradualmente, la anestesia se disipó y el fluir de la sustancia comenzó de nuevo, con su ritmo inicial como lo indicaba el metrónomo. Esto indicaría de manera dramática que el fluir estaba siendo dirigido por una corriente de vida que es totalmente trascendente a la vida del moho arbóreo, el cual había estado “sin sentido”.

Esto tendería indicar que el latido del corazón, el fluir del torrente sanguíneo y la regulación de los fluidos del cuerpo bien pueden seguir el ritmo de un director trascendental. El Dr. Donald Hatch Andrews lo llama “la sinfonía de la vida”.

Lo importante de este experimento es darnos cuenta de que existe un fluir activo, inclusive cuando la sustancia ha sido anestesiada. Éste es el gran milagro de la vida —la clave de toda curación. Por medio de este proceso y principio fundamentales, puede decirse con confianza de cualquier persona, sin importar la condición “puede sanar”. Los medios empleados pueden ser muchos y variados, mas la razón de la curación es una: la perfección impecable del universo. ¡Puedes sanar porque eres sano! Los hechos incidentales pueden limitar tu juicio y tu fe, pero la Verdad fundamental permanece: Eres un hijo del universo y, espiritualmente, nunca puedes estar separado de la corriente de vida.

 Un axioma de la medicina moderna es que la única enfermedad es la “congestión” y que todos los demás males no son sino una intensificación de esa congestión, la cual inhibe el fluir natural de la corriente sanadora. Toda congestión surge primero en la mente. Jesús llamó a esta congestión resistencia. Los investigadores modernos la llaman estrés.

Algo fundamental en electrónica es la ley de Ohm, que dice: La corriente eléctrica es directamente proporcional al voltaje e inversamente proporcional a la resistencia eléctrica. Hasta los mejores conductores de electricidad ofrecen alguna resistencia y no puedes enviar corriente sin un conductor de algún tipo. Piensa en una unidad eléctrica para cocinar o producir calor. La corriente fluye por medio de cables (generalmente de cobre porque son buenos conductores de electricidad con poca resistencia) a una bobina central, hecha de una aleación especial que tiene como propósito resistir la electricidad. ¿El resultado? La resistencia al fluir eléctrico convierte a la corriente en calor. Un bombillo tiene el mismo proceso, excepto que el filamento incandescente se calienta “tornándose blanco” y convirtiendo la corriente en luz.

Ahora, relaciona de esto con el cuerpo físico, como el canal por medio del cual la corriente sanadora (o corriente de vida) fluye. La resistencia comienza en la mente, donde las actitudes autolimitantes se convierten en malos conductores para el fluir. Entonces, las células del cuerpo, siguiendo las indicaciones del estado mental, comienzan a experimentar resistencia y congestión. Resultado: La corriente sanadora de vida es convertida en fiebre, dolor y deterioro progresivo. Por supuesto, ésta es una simplificación extrema, mas indica cómo la limitación de la conciencia produce estrés, el cual a su vez se convierte en todos los males que el cuerpo físico experimenta.

Una queja común relativa a la enfermedad es la falta de energía —el sentimiento de estar cansado todo el tiempo. La fatiga es un hecho que es incidental a la experiencia de la vida. Pero la Verdad fundamental es que nunca hay escasez de energía, aun cuando estás cansado. El sistema físico es sorprendente en su habilidad de movilizar energía cuando permite que la corriente sanadora fluya. Observa a los atletas exhaustos momentáneamente después de una competencia extrema. Ellos prontamente regresan a la competencia con fortaleza renovada.

Esto nos recuerda el gran pensamiento de Isaías 40:31(Versión Popular): “Los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como las águilas; podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse”. La palabra esperar viene del hebreo cava (kawvaw), que significa literalmente, “unir”. Es esencialmente el mismo significado que la raíz de la palabra religión, vincula o une al ser humano con Dios. Entonces, esperar en el Señor, significa estar a tono, aunarse, estar en el fluir. Puede ser resumido en la afirmación: Estad quietos y conoced que…estoy en el fluir.

Nueve décimas de toda la fatiga (en las personas saludables) se debe a factores sicológicos y no fisiológicos: preocupaciones financieras, condiciones de trabajo no satisfactorias, una vida sin significado, problemas emocionales, etc. La energía, un verdadero Niágara de ella, está en ti constantemente, represada por fuerzas de las cuales puede que no estés consciente. Puedes saber la Verdad y “esperar en Jehová”; derribando las barreras, metiéndote en el fluir y liberando tal cantidad de energía que te sorprenderás.

Obviamente hay mucho qué decir acerca de la alimentación y del ejercicio necesarios para crear y sostener un balance saludable en el cuerpo. Sin embargo, vale la pena resaltar que Jesús dijo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt. 4:4). Esta palabra viviente de Dios es la “corriente sanadora” que fluye en y por medio de cada persona. El cuerpo tiene una habilidad sorprendente de tomar sustancias alimenticias para sus necesidades y efectuar transmutaciones por el simple acto de la fe.

 

 

 

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