La corriente sanadora—Parte I

por Eric Butterworth

 
 

“¡Algunas personas son muy afortunadas!” ¡Cuán a menudo este clamor es escuchado por parte de quienes sienten lástima por sí mismos o por los compasivos! Y, pareciera cierto. Ha sido comprobado que ciertas personas son “propensas a los accidentes”, mientras que otras disfrutan de todo lo bueno, desde trabajos emocionantes hasta sitios de vacaciones interesantes. Los egipcios tienen una frase para describir dichas personas: “Se caen en el río y salen con un pez en la boca”.

En realidad, pareciera que algunas personas siempre se están enfermas, mientras que otras siempre disfrutan de buena salud. Algunas personas son víctimas de toda enfermedad contagiosa, mientras que otras no son afectadas, y se refieren a sí mismas como “desagradablemente sanas”.

Es como que si algunas personas están en el lado correcto de la vida y otras en el incorrecto. Pero, ¿tiene la vida un lado correcto y otro incorrecto? ¿Están algunas personas condenadas a una vida de dolor y sufrimiento porque no nacieron del lado correcto? Richard Rumbold, comentando acerca del aspecto político de la cuestión, una vez exclamó: “Nunca pude creer que la Providencia había enviado a unos pocos seres humanos ya con las botas y las espuelas puestas, listos para cabalgar, y millones con la silla puesta esperando que los monten”.

A través de los tiempos, y se podría decir hasta recientemente, cuando la enfermedad aparecía en la carne, se pensaba que la causa, casi sin excepción, estaba en la carne. Era simplemente mala suerte, la voluntad de Dios o “así son las cosas”. Así que la persona no hacía el intento de ser más de lo que pensaba que era y, tristemente, la enfermedad era parte de lo que ella creía ser. Han pasado más de 3000 años desde que Salomón dijo: “Porque cuales son sus pensamientos íntimos, tal es él” (Pr. 23:7). Mas se ha necesitado mucho más tiempo para lograr que la persona entienda que la “mala suerte” es sencillamente “un mal hábito mental”.

El campo de la medicina ha sido lento en aceptar la influencia de las actitudes y emociones en las funciones del cuerpo. Sin embargo, el peso de mucha investigación válida en el campo de las causas sicosomáticas de la enfermedad no puede ser negado. Hoy en día los médicos están comenzando a aceptar como un hecho la evidencia de que muchas enfermedades son inducidas emocionalmente o, por lo menos, influenciadas. Hay quienes creen que el 50 por ciento de toda enfermedad es EIE (enfermedad inducida emocionalmente). Otros dicen que es como el 90 por ciento. Sin embargo, cada vez más médicos están aceptando que el secreto para la curación de cualquier tipo, es corregir las condiciones que impiden el fluir natural de la vida transformando los estados de conciencia.

En Juan 21:1-6, hay un episodio en el cual Jesús enseña usando una “parábola viviente”. Los discípulos, quienes en su mayoría eran pescadores, estaban pescando en el mar de Galilea. Después de toda una noche de esfuerzo, no habían pescado nada. Al amanecer regresaron a tierra, cansados y desilusionados. Vinieron a Jesús, quien les sugirió que intentaran de nuevo, pero les dijo: “Echad la red a la derecha de la barca”. ¡Imagínate la reacción de los discípulos! Después de todo, ellos eran pescadores experimentados. ¿Qué podía saber un carpintero? Sin embargo, después de todo lo que habían visto, ¿cómo podían cuestionar Su sabiduría? Así que echaron su red como Jesús lo había sugerido y no podían recoger tal cantidad de peces.

La historia simboliza dramáticamente el lado correcto y el incorrecto de la vida. Como Shakespeare dijo: “¡La culpa … no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos, al consentir ser inferiores!” Es un asunto de conciencia y no la voluntad de Dios ni del dedo veleidoso del destino, y la conciencia puede ser cambiada. Los discípulos, en conciencia, estaban fuera del fluir de la vida. Con sólo echar la red del otro lado de la barca, ellos cambiaron toda su experiencia. Esto significa que por el hecho de cambiar el pensamiento de negativo a positivo, sentimientos de insuficiencia a actitudes de confianza, podemos alterar nuestra experiencia del fracaso al éxito. “En el lado correcto” de la vida estás a tono con el fluir inexorable del bien.

Muchas personas han sufrido enfermedades dolorosas que han retado todo proceso de curación. Como los discípulos, ellas, figurativamente, después de “toda una noche de esfuerzo” en su búsqueda por la curación, posiblemente hicieron uso de tratamiento médico, de oración o de ambos, pero sin resultado. La historia parece indicar que no importa la experiencia ni las técnicas involucradas ni el fervor del deseo, si estás en el “lado incorrecto” (estado negativo de conciencia) no hay ayuda posible. Uno ha de cambiarse al “lado correcto”, meterse en el fluir de la corriente sanadora.

Indaguemos acerca de esta corriente sanadora, de este fluir universal de bienestar y salud. En el capítulo anterior, nos referimos al mandato de Jesús: “Considerad los lirios del campo, cómo crecen”. Ciertamente, una flor demuestra bellamente el fluir sin obstrucción del universo. Y, en el mismo sentido, aunque no estemos conscientes de ello, cada uno de nosotros es un retoño del proceso creativo universal. Somos sanos dondequiera que estemos y cualesquiera que sean las condiciones de la mente o el cuerpo, gracias a lo que Teilhard de Chardin llama: “La perfección impecable del universo”.

 

 

 

 

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